jueves, 9 de agosto de 2018

Documentándome y eso



Tengo que perder unos 30 kilos.
No hay fecha límite, pero tampoco me voy a tirar seis años en conseguirlo. Me niego.

Antes de acometer el pedazo de reto de perder tanto peso, estoy viendo unos cuantos programas sobre obesidad.

Son documentales que han dado por televisión, algunos en La 2, otros en Movistar Plus, pero todos ellos están firmados por gente que sabe de lo que habla. Programas y estudios promovidos por doctores de las universidades de Oxford y similares, experimentos con voluntarios... cosas de este calibre.




Y en los últimos años parece que están cambiando las ideas sobre la gente gorda.

Lo primero que me ha sorprendido es que hay personas que tienen una propensión mayor para engordar que otras por un motivo genético, concretamente algunos genes impiden que las hormonas den el aviso de saciedad al cerebro. Que ya lo sabíamos, pero ahora lo han demostrado químicamente.

Me ha llamado la atención que dijeran que un obeso está programado para desear la comida a todas horas, con lo cual el sentimiento de culpa es abrumador, pero fuera de toda lógica, pues el ansia por comer no depende solo de la voluntad, sino de otros muchos factores. Gracias, voy a dejar de abuchearme. 

Yo no soy científica, pero todo lo que han explicado en esos documentales me ha quedado clarísimo. He visto escáneres donde la grasa quedaba retratada, grasa que se almacenaba alrededor de órganos vitales. Y esas mismas personas, después de ocho semanas de dieta drástica, habían llegado a tener un porcentaje sano de grasa en el cuerpo.

Las conclusiones a las que han llegado estos programas han sido (entre otras):

- No somos conscientes de lo que nos ponemos en la boca. Los voluntarios debían escribir lo que habían comido en un evento, y todos ponían menos cosas de las que se habían triscado en realidad.

- Una hora de gimnasio duro en una persona que entrena habitualmente (y que por tanto tiene un buen metabolismo) apenas quema las calorías que tiene media pizza de pepperoni.

- Cuanto más variadas sean y más saneadas estén las bacterias intestinales que llevamos encima, menos engordamos.  Esto me ha parecido alucinante, porque en otro reportaje vi que la flora intestinal saludable ayuda a dormir bien (y dormir bien sabemos que es bueno para adelgazar).

- La ciencia está descubriendo medicamentos que van a reducir el problema sin tener que pasar por quirófano a reducirnos el estómago. Ya veremos cuánto tardan en ponerse a la venta y qué riesgos tendrán...

A mí lo que más me ha impactado ha sido ver la grasa abdominal que tenían los participantes, todos de edades distintas, pero con sobrepeso u obesidad. Les rodea los órganos y no los deja funcionar correctamente.



Escáner de una mujer obesa (113kg) junto a otra delgada (54kg).

Yo no puedo ver la mía, pero sí puedo saber aproximadamente el porcentaje de grasa que tengo en mi cuerpo, y tristemente he de decir que es del 45'5%, muy lejos del 20-25% recomendado en mujeres.  
  • Grasa corporal superior al 45%: Sobrepeso/obesidad. Este nivel de grasa corporal se asocia con riesgos para la salud como la diabetes, derrames cerebrales, problemas cardíacos, etc.

Joder, ¿¿¿qué estoy haciendo???  





Mi cuerpo se parece más a la foto del bikini verde claro (la del 45%) que a ninguna otra, así que mi báscula no va muy desencaminada (aunque no es exacta, que es una basculita casera).

Eso ha terminado. No "voy a cambiar", YA HE CAMBIADO. Se acabó, no quiero tener esa cantidad de grasa dentro de mí, quiero agacharme, hacer ejercicio, saltar... y quiero que mi corazón no sufra por mi culpa (y no me refiero al desamor, ja ja ja).

Todavía no he caído en ninguna tentación desde que empecé. 

Debería imprimirme una fotografía del escáner que vi en televisión y pegarla en la puerta del frigorífico.
Me ayudaría seguro...






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