jueves, 16 de junio de 2016

Una niña enferma. Otra vez.

En el instituto donde trabajo, el año pasado hubo un caso de anorexia grave. Lo conté aquí sin identificarla. Me afectó, porque a la niña la conozco desde que tenía doce años.
Perdió el curso, estuvo ingresada y fue triste verla tan mal.

Pero ha pasado el tiempo, este curso lo empezó tarde, pero bien. Ha sacado las mejores notas del centro y estos días está examinándose de las pruebas de acceso a la universidad.

La he visto más llenita, ya no tiene la nariz puntiaguda y los pómulos hundidos, no. Ahora está delgada, pero se ve sana. Muestra sus piernas torneadas usando falditas que le sientan genial. Enseña tripita con tops y camisetas cortas, y ya no se le notan las costillas.

Está preciosa. ¡Me alegro tanto! Noticias así me animan el día.
Pero duran tan poquito...




Ayer vino otra madre desesperada. Su hija fue víctima de abusos sexuales por parte del padre y el abuelo cuando tenía nueve o diez (están en prisión desde hace años). Antes del juicio, tenían una orden de alejamiento, y debíamos estar al tanto por si la venían a buscar (qué responsabilidad, madre mía). Pero con la cárcel no acabó la pesadilla de esa madre.
La niña intentó suicidarse con doce años. Ahora tiene dieciséis y ha perdido catorce kilos en un mes.

Joder, es una niña dulce, preciosa y estudiosa, cuyos problemas y traumas la van a perseguir toda la vida, eso está claro. Pero la propia niña ha pedido ayuda a su madre, y como sus antecedentes son graves, supongo que tendrá preferencia médica para recibir atención y tratamiento...

A veces me pregunto en qué mierda de mundo vivimos. ¿Por qué pasan cosas así?




7 comentarios:

  1. No voy a decir mucho porque me disparo con esos temas y no tengo medida. Pero mierda de mundo es poco para esa gentuza.

    Mis mejores deseos para esas niñas de todo corazón.

    Un besote Amelia, suerte que te tengan cerca!

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  2. Bueno, Esther, en realidad yo no tengo tanto contacto con el alumnado, no soy profesora.
    Pero los veo crecer, les cojo cariño, recibo a los padres cuando vienen, y a veces (como esta vez) he de escuchar a una madre que llora desconsolada porque me veo en el fregao, y como soy empática casi me pongo a llorar yo (me fue de un pelo).

    Y tienes razón: mierda de mundo es poco. Qué pena, qué asco y qué mal.

    Un besote.

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  3. Estas cosas son las peores que te encuentras cuando eres profe, sobretodo tutora o alguien del equipo directivo. Cuando ves que los chicos sufren de verdad por culpa de sus padres sientes mucha impotencia. No hablaré de casos porque no se debe pero alguna cosa de estas he visto y la mirada de los niños es... uffffff.

    Lo malo es que casi siempre la culpa es de los padres o del entorno familiar más cercano.

    Se habla mucho del bullying y poco de los abusos, maltratos y abandono de nuestros pequeños. Porque hay chavales que están solos hasta las nueve de la noche o fines de semana (como ya es mayor, dicen los padres) ¿mayor? ¿con 13 años? Y luego se quejan de las compañías y de los amigos cuando la culpa es de ellos y de los horarios laborales que hay en este país y de la situación precaria de los trabajos y de la sociedad del consumo, etc, etc. O de que el papá tiene que ir sí o sí al gimnasio mientras le toca la custodia del nene.

    Total de recortes en educación en estos últimos años = casi el 20% del presupuesto.

    ¡¡VERGÜENZA!!

    Petonets!!

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    1. Amén a todo, Pili. Incluso a lo de no hablar de casos. Me atrevo a comentar estos dos (el que ha terminado bien y éste) porque nadie sabe ni dónde trabajo ni a qué personas me refiero. Y aunque no sepamos quienes son, sí creo que hay que saber que pasan estas cosas cerca de nosotros, que no vayamos por el mundo en plan happy flower sin enterarnos de ná.

      Mucha, mucha vergüenza. Recortemos, señores, que luego se lo quedarán cuatro espabilaos y los demás contaremos con menos recursos.


      Petonets tristos i emprenyats!


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  4. Ay, mira, no. No puedo con estas cosas, no me cabe en la cabeza que un padre, un abuelo, ¡nadie! pueda abusar de alguien y más a esas edades, es que me supera. Es que los mataba. Y si eso me pasa a mí, ni imaginarme quiero a la madre... ¿qué cojones haces? ¿Cómo vives con eso? Es que tela.
    Por suerte la niña ha sido juiciosa y ha pedido ayuda, igual hasta tenga solución y con una adolescencia controlada se libre y hasta pueda ser feliz y todo. Ojalá.
    Escuchando haces más de lo que crees, es muy importante. Besos y ánimos a esas niñas, a las madres y a ti, que molas todo!

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    1. Escuchar es lo único que puedo hacer. Hoy mismo me ha llamado la madre para agradecerme que la escuchara el otro día, la mujer se vio desbordada y yo no me largué cuando la conversación se puso dura.

      Y la mujer está animada porque le han dado hora en el especialista en seguida (no estamos acostumbrados a que las cosas de médicos vayan tan deprisa, pero en estos casos se ve que sí. Bien por los profesionales).

      El padre y el abuelo... uf. UF


      Besotes, Fle.

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  5. Es muy triste éste problema, y que a estas alturas de la vida todavía exista, es decir, con tanta información sobe la vida fit que es la que está de "moda" cada vez son más niñas y adolescentes que se van por el camino de la salud y el ejercicio, pero siguen habiendo niñas que aun sienten que estar súper delgadísima será la solución a sus problemas. En fin, que bueno que la niña que estaba mal se alivió y está feliz, esperemos que la otra chiquilla se recupere, oraciones por ella. Saludos Amelia, ando por aquí de nuevo contenta de leerlos!

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Adelgazar es más fácil en compañía, así que no te cortes y suéltalo...

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