martes, 13 de octubre de 2015

Otro cumple



Hoy es el cumple de mi hija pequeña (no tan pequeña, que cumple 25 tacos, la coleguita).

Cuando parí a mi hija mayor (hace 30), pasé un día entero sin comer, por aquello de que "ya viene, ya viene", y si comías te podías poner malísima del estómago, como si no tuviera bastante con parir.

Bueno, pues el "ya viene" duró doce horas enteritas en el paritorio, más las que ya llevaba yo sin comer, y sin dormir... uf, qué mal. Además, con los 30 kilazos que engordé durante el embarazo, la cosa estaba jodida de veras. Fue un parto durillo, peligramos un poco las dos, la verdad.

Con mi hija pequeña empezaron las contracciones por la noche, y como estuve tantísimas horas con la mayor, pensé "no me vais a pillar otra vez", así que lo que hice fue hincharme a comer y meterme en la cama a dormir lo que pudiera (con dos cojones).
A las tres y media me desperté con ganas de ir de parto, mira tú. Hay gente que tiene ganas de ir de juerga, pero ese día me dio por ahí. Original que es una...

Como lo tenía todo preparado, llamé a mi marido y recogimos a mi suegra en su casa (mi hija mayor se quedó con su abuelo). Telefoneé a mi madre, que se puso en camino y tó dios para el hospital.

Por el camino, entre soplido y soplido y a oscuras porque era de madrugada, me cosí el botón de la bata, que se me había caído al levantarme para ir al baño (con el barrigón salió disparado). Mi suegra todavía me lo recuerda "la niña esta, vamos de parto y se pone a coser botones".
Una puede ir en bata por la vida, pero sin botón NUNCA, ja ja ja.

Total, que llegamos al sitio a las cuatro y media (el hospital está a tomar viento de lejos), y a las cinco menos diez mi niña llegaba al mundo. Un poco más y la tengo en la carretera, como mi vecina que parió un mes antes que yo, en el arcén.

Antes de salir, la niña ya empezó a llorar. Lo juro, solamente tenía la cabeza fuera y empezó a berrear. Un último empujón y siguió berreando. Y no paró hasta que aprendió a caminar, el día que cumplía un año.



Joder, qué añito... sin dormir me lo pasé. Parecía, a mis veinticuatro años, que tuviera setenta. Unas ojeras y un sueñoooo...


Me costó poquito parirla porque a cambio me esperaba un viacrucis con ella, de lo llorona y traviesa que fue después. Menos mal que se hizo mayor y toda aquella energía ya la había gastado, así que ha sido una buena estudiante (va por la segunda carrera y el segundo máster), una hija modelo y una chica estupenda y preciosa.

Y el sábado nos invita a toda la familia a un restaurante para celebrarlo.
Toma ya.






4 comentarios:

  1. Muchísimas felicidades a esa pedazo de hija que tienes!!! Se lee el orgullo materno a través de la pantalla, y no es para menos ;)

    Un besazo inmenso para las dos, y que paséis un gran día!!

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    Respuestas
    1. Se ha notado mucho el orgullo materno, ja ja ja.

      El sábado lo celebramos todos juntos, que ayer todo el mundo trabajaba (y ella vive fuera).

      Besotes, gracias por la visita.

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  2. Qué historia más bonita!!
    Muchas felicidades para la "pequeña", que lo paseis estupendamente el sábado.
    PD: ¿Qué tienen los segundos que dan tanta guerra? jajajaja
    Petons!!

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    Respuestas
    1. Gracias Pili.

      Yo fui "primera" y mi hermana dio guerra por un tubo también, ja ja ja. Qué cosas...

      Petons!

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Adelgazar es más fácil en compañía, así que no te cortes y suéltalo...

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